Un objeto imprescindible que se ha perdido en los restaurantes.

A todos nos gusta de vez en cuando ir a cenar a un restaurante con nuestra pareja, con nuestros amigos, incluso con nuestros familiares. Si bien las cosas no están muy bollantes gracias a la crisis, que es como una visita pesada (parece que nunca llega la hora de marcharse), seguimos dándonos un caprichito cuando podemos (porque si no, no entiendo cómo es posible que cada fin de semana estén todos los restaurantes a petar de gente, la crisis debe ser cosa de la otra España).

Ya sea un restaurante asequible o uno finolis, hay algo que hace años que echo en falta, pues en la gran mayoría de locales ha desaparecido, o directamente nunca han tenido, un objeto que para mí, y para muchísima gente, es necesario, imprescindible e incluso vital.

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