Helado… ¡Helado de qué!

Hace pocos días fui a comer a un bar de almuerzos (también llamado bar de comidas o de currantes), de esos que hacen menú de mediodía y que suelen ser transitados por trabajadores, operarios y similares. Suelen ofrecer menús económicos de entre 6 y 12 €, comida abundante, agua o vino, café o postre.

Postre…

La anécdota que explicaré a continuación me hizo recordar mis días de comercial, cuando de tanto en tanto tenía que comer yo también en este tipo de locales. No me malinterpretéis, mi intención no es cuestionar estos bares o restaurantes, al contrario, tengo muy buenos recuerdos de algunos de ellos (de otros más bien pesadillas). Hacen su necesaria función y yo lo aprecio.

No bebo café, por lo que siempre pido postre. Así que, en el esperado momento del colofón gastronómico, se acerca el camarero para recitar su ya retenida lista de complementos para relatar en voz alta: “De postre tenemos: Flan, yogur, fruta del tiempo y helado.”

Dramatización

Dramatización

Helado… ¡¿Helado de qué?!

A ver, ¿por qué puñetas el helado se considera un postre genérico? O sea, a este camarero le da igual un helado que otro, eso está claro. ¿Pero, piensa de verdad que a ti te va a dar igual un helado u otro? ¿Acaso son todos los helados iguales? ¿Te da igual comerte un corte tricolor de nata-fresa-chocolate que un cremoso helado de vainilla con nueces de macadamia y coulis de frambuesa silvestre? ¿Verdad que cuando te dice los platos de menú no te dice…? “De primero tenemos… comida. Y de segundo, comida.” Pues por lo visto al camarero se la trae al pairo. ¡Pero a mí no!

Y lo peor es… ¿Qué le digo? ¿Qué respondo a esa coyuntura gastronómica? A veces mi orgullo me dice que le suelte: “Para mí, helado”. Esperando que luego tenga que preguntarme de qué lo quiero y yo: “Aaaaaaahh, te he pillado”. Pero no, mi gozo en un pozo. Como al susodicho, repito, le da igual un helado u otro, daría media vuelta y me traería el primero que encontrase en la cocina (o el que menos se pida).

Encuentra las 7 diferencias. El camarero aún las está buscando.

Encuentra las 7 diferencias. El camarero aún las está buscando.

Así que, pienso en una alternativa, y lo único que se me ocurre es preguntar por la variedad: “¿Helado de qué?”

A lo que el camarero no tiene más remedio que recitarme la escasa variedad de helados, para acabar pidiendo el flan (je je). Pero sé, que si mañana vuelvo, cuando llegue el momento de pedir postre, me dirá:

“Flan, yogur, fruta del tiempo y helado.”

email

Acerca de Jorge

Empecé en el mundillo de los dibujos animados, pero ante la precariedad de trabajo dejé mi pasión por el dibujo y me busque un trabajo-aburrido "de verdad". Más tarde, "gracias" a la crisis, mi vida dio un giro de 180º, abrí un eCommerce e intenté ganarme la vida vendiendo objetos artísticos. Pero la precariedad de salario era incompatible con mi hipoteca. Ahora, por suerte, vuelvo a tener un trabajo "de verdad", estoy contento y tranquilo, y puedo dedicarme a este blog de tanto en tanto.

Un pensamiento en “Helado… ¡Helado de qué!

  1. […] sea un restaurante asequible o uno finolis, hay algo que hace años que echo en falta, pues en la gran mayoría de locales ha […]

Deja un comentario